Cada día una pesadilla nueva… como si fuese una de esas máquinas tragaperras, de repente escuchas el sonido de la victoria y tienes que esperar cien perdidas más para volverlo a escuchar. Y cada pérdida viene acompañada de un duro puñetazo en el estómago, que te deja sin respiración y te empaña la mirada, dejándote desorientado y solo.
Estoy harta de encontrar baches en estas pérdidas en lugar de apoyos. Es cuando de repente te das cuenta que las relaciones, los lazos de amor y tus pilares diarios no son más que simples quimeras. Lo peor es cuando confías en que todo esto es real. De repente te hace ¡BAM! En toda la cara ese factor sorpresa y de la persona que menos creerías (o sí, también los hay que ni siquiera para sorprender valen) te encuentras un presente inesperado y una no tiene más remedio que hacerse la fuerte, tragarse el orgullo y continuar hacia adelante… porque sí, porque las campeonas somos fuertes y a base de golpes uno mismo te das cuenta de que no se puede confiar ni en tu propia sombra, pero aún es más triste no confiar en nadie.
¿Sabéis que os digo? Que si la vida fuese la ruleta rusa deberíamos jugar incluso cuando sabemos que lo vamos a dar todo inútilmente. Que la esencia de todo reside en intentar las cosas y en que cuando la cagas o cuando te joden saber que al menos uno mismo lo ha hecho bien. Como gracias a eso he aprendido a valorar la vida, a madurar, a sonreír y a ser feliz (Qué curioso que al final la frase ‘’quién te quiere te hará llorar’’ tenga un nuevo sentido) quiero darles las gracias a las dos personas que me han hecho daño estos días porque a cada rallada, a cada noche de insomnio y a cada lágrima que me han dado también me han hecho un regalo: valorar todo lo que tengo. FUCK YEAH, PRIMOS!
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